Como que uno siempre piensa que esta inmerso en un hoyo profundo, sin salida en donde cada minuto que pasa nos atrapa y sumerge más.

Creo que uno se acostumbra a vivir con eso.

Empiezas a culpar a la inmadurez, a tus fantasmas interiores, a tus errores, a tu pasado, a tu presente, a tu futuro, a la tierra, al aire, al sol (Creo que con estos pobres ejemplos, queda claro a lo que me refiero).
A veces es esto, otras no. Puede ser más, como puede ser menos.

Aún así, tampoco caminaba sobre nubes.

Después de la tormenta, todo fue peor, todo fue huracán.
Lo anterior, exponencial.
Silencio. En todo sentido.

“Sonidos del silencio”.

Nunca nada.

Siempre mal.

Deambular como un alma huérfana en busca de calor.
Un poco de calor, de afecto humano.
No poder salir de eso.

No poder superar lo que aconteció.

Difícil.

Terrible.

Pero independiente de esto, todo en soledad.
Sintiendo que no puedes hacer nada para poder salir.
Todo mal.
Solo recordar momentos terribles, que a lo largo de tu vida, te hicieron terrible.
Todo o nada.
Ostracismo social.
Más que nada, necesario. Imprescindible.
Si te cuesta vivir, imagina lo que te cuesta sociabilizar.

Doloroso egocentrismo.

Con el paso del tiempo, he llegado a creer que uno solo “aprende” a convivir con esto, pero yo no me resigno o por lo menos quiero llegar a creer eso.

Estoy cansado. Siento que lo tengo todo, pero sigo siendo frágil.
Tengo ganas de entregar lo mejor, pero me odio tanto que ni siquiera yo me puedo entregar esto.
No sé que tiene que pasar, pero ya estoy agotado.
Suena poco creíble, pero esto al final de cuenta, terminan siendo años.
No me parece poco, pero es evidente que no tenias idea de esto.

Confía en mí. Al final del vaso, terminan siendo años que han crecido como jóvenes deportista en estos, por lo menos, 3-4-5 años.