No tengo idea del ¿Por qué? últimamente tengo la “agenda” tan ocupada, por lo mismo se me ha hecho un poco complicado poder seguir escribiendo con tanta frecuencia como yo quisiera. Ahora que ya leyeron esta penosa historia de mi vida, les cuento LO CONTENTO que me hace esta nueva reseña, principalmente porque fue una experiencia gastronómica inolvidable.

Fui ALCATORCE y creo que nunca lo voy a olvidar. Así de tajante.

Fue tanto el impacto que causó en mis papilas gustativas ir ALCATORCE que fui 2 días consecutivos:

1er día: Comida a la carta.
2do día: Menú ejecutivo.

Reconozco que fui con cierto resquemor a comer Menú Ejecutivo y con la duda de que la comida no estuviera tan rica como en la primera velada, pero me equivoque ¡Con creces!

Ahora cuento la experiencia, que se basará principalmente en el primer día..

Jueves a las 19:00 hrs en el piso nº 14 de la torre O’higgins. Para quienes no son de Concepción, les informo que la torre O’higgins fue uno de los edificios que más daños sufrió para el terremoto del 2010.

Todos pensamos que era el fin de ese tremendo edificio que creo que ni siquiera estaba inaugurado, pero con el paso del tiempo se dieron las cosas y para mi parecer, todos lo reconocen principalmente por este restaurante que está en el último piso.

Llegas, subes al último piso, sales del ascensor y entras a un local bastante amplio, decorado muy pelolais y para ser las 7 de la tarde, ÉRAMOS LA SEGUNDA MESA EN OCUPAR. ¿Raro? En realidad no lo sabría decir, porque en mi familia se usa esto de juntarnos extremadamente temprano, así que ningún problema. Dejar en claro que es un local bastante amplio y con muchas mesas, pero aún así existe una distancia más que prudente entre una y otra. Se agradece no escuchar la historia de la vieja desagradable que estaba en la mesa del frente.

La carta me parece perfectamente acotada y hay que reconocer que todo tiene un toque a esta región, algo gourmet pero autóctono. Productos naturales y un esfuerzo importante por innovar, lo cual se agradece bastante, porque se nota que la comida está hecha con cariño, dedicación y profesionalismo.

Cuento corto, pedí para comer un “Filete Nahuelbuta” que consiste en un filete de vacuno con tocino ahumado, acompañado por un puré de habas y arvejas con crocante de tocino. Todo esto en una base de salsa de chocolate blanco al vino añejo. Leerlo suena un poco complejo, pero comerlo fue todo lo contrario. Siendo sinceros, soy un adicto a la carne y generalmente cada vez que salgo a comer, generalmente pido carne. La carne en sí, del 1 al 100 estaba en un 98, pero el puré con crocante de tocino, estaba MORTAL, por lo cual el plato en sí fue exquisito. La carne estaba realmente ¾, como personalmente me gusta. Me llamo la atención que todos los platos tenían un toque de avellanas ahumadas y estas, pese a que era un toque, estaban realmente ricas. En general, nadie de la mesa dijo lo contrario. A todos nos gusto lo que pedimos y eso se da pocas veces cuando sales a comer, siempre existe alguien que se queja, pero acá no fue la ocasión.

Al día siguiente fui por el menú ejecutivo y había (no recuerdo el nombre del plato) pechuga de pollo con quinoa en salsa de champiñones. Cómo será lo sobre estimulado que quede el día anterior que ni siquiera alcance a sacarle una foto al plato, pero honestamente, este plato de igual manera estaba 10/10, realmente sabrosón.

Me da un poco de pena que en estos momentos la tecnología aún no ha avanzado tanto, ya que no es posible que prueben tremendas preparaciones que me mande en menos de 24 horas, por último los olores pónganle huevos los tipos allá en Sillicon Valley.

Antes de que llegara el postre, el mesero nos pregunto si es que sabíamos que en ALCATORCE trabajaba un mago y si es que queríamos que fuera a la mesa. Obviamente le dijimos que sí.
Quedamos gratamente sorprendidos y en realidad quedamos como unos idiotas, porque el Mago hace sus trucos frente a tus ojos, a centímetros de distancia y fue un momento muy agradable.

El primer día que fui, de postre pedí un “Dulce Patria”, que consiste en una tarta de chocolate con toques de merkén y acompañado de un sorbete de albahaca. Para mi que como muy poco merkén, estaba un poquito picante, pero mezclado con ese sorbete de albahaca le daba el frescor necesario, estaba simplemente MORTAL, un deleite a las papilas gustativas.

Independiente de los tragos de entrada y los tragos de despedida que nos mandamos, todo fue una experiencia placentera y sumamente grata. El local, el ambiente, la atención, esos pequeños grandes detalles que hacen la diferencia, hacen que una comida extremadamente rica, tenga un real y verdadero valor agregado. Restaurantes hay muchos en Concepción, Chile y el Mundo, pero ALCATORCE hace que toda la experiencia sea inolvidable, por eso lo recomiendo a ojos cerrados, realmente bueno, ideal para la gente que le gusta el buen comer.

Me atrevería a decir a ojos cerrados, que es uno (sino el) de los mejores restaurantes de Concepción.

Ubicación:

Dato Extra:

Me llamo la atención que sea el único local que conozco en Concepción que tengan San Pellegrino, bien ahí.